La elefanta Daisy de Tailandia

Ibamos muy ilusionadas a ver a los elefantes en un lugar remoto de Tailandia, no se dónde porque me dormí mientras nos pasaban el video de cómo comportarnos entre los elefantes: ni detrás ni delante ni le toques la trompa, entre otras cosas de sentido común, pero bueno, no me extraña la gente suele ser muy (inserte palabra aquí) a veces.

Era un día de neblina tropical, no hacia mucho calor y empezamos el guirielefantetour -¡yujuuuuu!-

El Primer elefante que se acercó tenia 80 años, solo queria las sandías sin piel que teniamos preparadas. En 20 minutos se comió 3 cajas repletas. Solo teniamos que acercar la sandía a la trompa-mano y voilà.

Nos empezamos a adentrar en el territorio elefantil, y vimos de todo: elefantes machos enfadados con cualquier humano, y con razón (a uno le habían cortado la oreja porque al montarlo, la oreja molestaba a los turistas). Encontrabamos diversos elefantes recuperandose de alguna herida, de origen humano, como no, o simplemente pasando el rato bajo la lluvia junto con su familia.

La historia que más me impactó fue la de la elefanta Daisy. Fue el primer elefante en llegar al refugio. La compraron, completamente ciega. Un ojo, por nacimiento, pero el otro ojo no fue casualidad: en plena montaña, tras cargar pesos muy pesados, Daisy dio a luz a un elefantito que se rodó montaña abajo y no lo pudo ayudar. Al ponerse muy nerviosa y al verse imposibilitada a ayudar al cachorro, el que se “encargaba” de ella le disparó en el ojo dejandola ciega completamente, para disciplinarla, claro y que siguiera trabajando.

¿Puede ser esto más horroroso? Apuesto a que hay miles de historias así no solo de elfantes sino de muchos otros seres vivos. Lo sabemos, supongo…pero no lo queremos ver, y bueno, es como si no existiera.

La elefanta Daisy vive en el refugio y tiene solo una amiga elefanta, no se une con otros elefantes o elefantitos, come naranjas y no te puedes acercar demasiado a ella…no me extraña.

Fue una guiriexperiencia muy bonita y mojada, porque no paro de llover y no llevaba paraguas ni la bolsa-chaqueta de plástico -super favorecedora- que usan en Asia.

Me hace pensar en lo inhumanos que podemos llegar a ser. ¿O más bien es ignorancia mezclado una estupidez muy acentuada?

¿Cómo alguien no se puede dar cuenta de esto? Pero en especial, cómo alguien se niega a salir del cajón en el que las circunstancias lo metieron? ¿A no pensar…?

¿Será que al haber cosas así podemos valorar mejor lo bonito de la vida?

No lo sé…continúo en debate interior.

Aqui Daisy

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