Sobre el miedo

Hola, buenos días, lo sé, esta vez no voy a decir que vuelvo del lugar de dónde desaparecí, porque nunca desaparecí, pero enfin ¡Hola otravez! 🙂

El otro día estaba buscando unos zapatos para el verano, tenía unos en mente que ya sabía cómo me quedaban porque son iguales a otros que ya tengo, lo que pasa es que  solo tengo un zapato y puedo correr el riesgo de parecer un  pingüino.  Total, que llegue a una conclusión interesante que nada tiene que ver con un zapato, es sobre el miedo.

Llegamos a la zapatería con una amiga que muy pacientemente me acompañó. Después de probar 500 zapatos encontré los que buscaba, pero  había un problema, el talón sobresalía del zapato aunque fuera mi talla y el mismo modelo de dos años anteriores, algo no cuadraba. No cuadraba el maldito zapato en mi pié o al revéz, lo cuál me hizo pensar en la vida, porque a veces las compras pueden ser una pequeña metáfora de la vida, al menos a mis veintitantos años. El post ha resultado un poco intenso…aviso, así que es hora de abandonar si a alguien le apetece la sencillez esta vez.

El zapato no me quedaba bien, y probé el de la talla siguiente y me quedaba enorme, total, después de que me dijeran que mi pié no coincidia con el modelo -gracias-,  y no sé qué de una horma, muy frustrada salí de la tienda sin zapato en mano, pensando que qué putada pero…al igual que con la vida, no tiene porque volver a quedarme igual un zapato, dado que ha pasado el tiempo, justo como pasa con las circumstancias. O sea, las mismas historias no tienen porque repetirse porque nada es igual ¿no? Lo que pasa es que nos gusta aferrarnos a las cosas viejas, a los sentimientos antiguos, las costumbres de siempre, y nos espanta lo desconocido o los cambios…quizás solo somos un saco de miedo, viviendo en una sociedad con miedo, dentro de un mundo que tiene miedo. El miedo nos paraliza, pero si no vives con miedo entonces ¿eres rara? Sin duda el miedo es humano y no digo que yo sea la mujer sin miedo, porque sí hay cosas que me dan miedo: que me lastimen (como a todo el mundo, supongo) perder el tiempo y equivocarme con lo mismo, estar en el lugar que no debería estar, perder a quien quiero y a quien me quiere (entre otros) supongo que sí, esos serían mis paralizantes…quizás…alguno de más o de menos…y todo esto gracias a unos zapatos.

Intento vivir sin miedo y pensar que todo viene de nuevo, lo intento, y que nada es igual que antes, ni se asemeja a nadie, porque todos somos diferentes, las cosas, los lugares cambian y con el tiempo aquello que dolía se hace menos importante, pequeño, hasta que un día acaba siendo insignificante y lo aplastas, en el mejor de los casos, y puedes vivir sin miedo, sin ese fantasma (revoloteando) con o sin cara y disfrutar.

Esta claro que en la vida nada esta escrito, y quizás eso es lo que la hace interesante y sí, sigo en busca de unas sandalias que valgan mucho la pena porque encontrar unos zapatos en tiempos modernos, tampoco, es tarea sencilla.

E.

….que ojalá que la gente que vale la pena deje de tener miedo…

 

 

 

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