Tindermonja parte 2

Pueeeees sí, lo volví a hacer. Porque a veces pierdo la esperanza en la humanidad, y mi forma de celebrarlo es poniéndome Tinder y ¡olé! Debo confesar que ya no encuentro a especímenes tan raros, al menos eso pensaba la última vez que decidí ponerme a ver el mercado de tíos en BCN.

Nunca se sabe, al igual me pasa como a fulanita y zazca comimos perdices o al menos me llevo una alegría. Empiezo a darle al SÍ y al NO y me encuentro con unos cuantos que estan “monetes”. Recuerdo: hice match con el viajero (tenía la torre Eiffel atrás), Musculitos, chico Karpe-diem y el de negocios. De ahí descarté al de la torre Eiffel, porque en lugar de decirme -Hola, qué tal, soy el chico de las poesías- me paso el sutil dato de cuanto le medía la chorra…oh buenoooo pues muy bien, pues adiós.

Después descarté al de negocios porque era muy soso y no me decía nada y oye, una ya se cansa de enviar emoticonos…aunque pensandolo bien, se habrá pensado que estaba loca…y un poco sí. La vida, que le vamos a hacer.

Okey, ahora seguía hablando en un tono bastante amable con Carpe Diem y Musculitos, pero algo me olía raro y era por Musculitos. Era demasiado perfecto, y pues en vez de enviarlo a paseo, quise ir un poquito más allá a ver que pasaba, aunque lo dicho, me olía a raro además de a quemado.

Chico Carpe Diem solo se quedo en una anécdota de chat, porque a la que piden fotos, me gustaría enviarles una tortura china a través del móvil. Y entonces dejan de escribir.  Y yo los borro. Realmente, no nos gusta enviar fotos, lo odiamos y nos gusta menos que nos envíen una foto de su pene, no nos pone nada, ni aunque sea época de sequía.

Ahora viene lo gracioso, quedé una tarde con Musculitos, en el Arc de Triomf, además llegó tarde, el muy inútil, pero dado que era un día caótico en BCN decidí esperarlo – me gustaba un poquitín, sí-  total que quedamos y no nos gustaban los pepinillos a ninguno de los dos y algunas cosas más. Cada uno se fue para su casa y entonces paso cierto tiempo y teníamos que volver a quedar. Cuando el tío me sale con la creíble excusa (si  yo tuviera 10 años menos, claro)  de que tiene que hacer la siesta – ¿Perdona? bueno, y yo tengo que sacar las piedras de mi zapato ¿no te jode? Esa noche salí a un bar y al salir, vi su silueta musculiana bajar por la calle Aribau con otra tía, claro – mi 6º sentido no falla-  y dije muajaja este se va a enterar:

  • Musculitos: Oh, uh hola! (tomate face)
  • Yo: Hola (grandísimo gilipollas -acompañado de mirada asesina- a él, claro porque la tía como yo, no tenía ni idea de la situación, creo.)
  • Musculitos: Oh qué tarde es, ¿qué haces por aqui?
  • Yo: salir de fiesta (pedazo de inútil, es evidente)
  • Musculitos: Ah oh, bueno nosotros nos “recogemos”….
  • Yo: Ale, adéu. (que te den…y me giré con mi giro de diva)

Si el tío hubiera medido lo que yo, lo repeino.

Total, me jodió 4 estaciones de metro, luego se me olvidó. Ah, y me borré Tinder, otra vez.

Hasta ahora, encuentro más interesante a un cactus y creo que dejaré de hacer tanto subtexto por la vida.

 

 

 

 

 

 

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