Doctora Cubito-de-hielo

Ir al médico no es deporte nacional, da palo, mucho, pero es necesario y mientras espero mi cita en la sala de espera, me ha dado por escribir sobre médicos.

Los necesitamos y necesitamos sus remedios y menos mal que no nos toco necesitarlos en la edad media. Pero a veces creo que algunos especialistas, no todos, estaría bien que hicieran un Máster en : “Vamos a explicar al paciente  el diagnóstico con manzanas”, al menos yo lo agradecería un montón, también que algunos hicieran la especialización en: “Hoy voy a ser amable y cercano”. He llegado a pensar esto porque creo que es algo que se debería mejorar, en general, puesto que siempre salgo pensando lo mismo dadas las siguientes circunstancias:

1. Después de esperar 800 años en la sala de espera, compartes tus “achaques” a Sir Doctor/a y de pronto te  interrumpe, y te corta el rollo y al mismo tiempo vanaliza tu “achaque” del momento, de una manera fría, entonces piensas ¿enserio, a este/a le tengo que explicar yo mis intimidades saludisticas? Después vuelves a dar una segunda oportunidad a Sir Médico-cubo-de-hielo a pesar de que te de cierta vergüenza y zazca, again obtienes una respuesta de diccionario, sin ninguna onomatopeya o interjección que haga su diálogo más amable, si ya lo digo yo, para qué ir derrochando segundas oportunidades, si cuando lo parece, lo es, no falla.

2. A veces te dan una bata, otras veces te dan una toalla verde-triste (que no combina con nada)  y te dicen: -bla, bla, y te la pones-, pero ¿Cómo Señora enfermera? ¿Me enrollo como un taco? Para que luego me digan, no, no que así no va…ya sabía yo, nunca lo encierto… 

3. Tercer paso, sentarte en la silla aquella y tener ganas de compartir tus pensamientos como:  por favor, ¿sería usted tan amable de tener un poco más de tacto? Que no estamos lavando los platos, ¿vale?. Ahí te has pasado. ¿Ya está no?. Ahí no hay nadie. Eh, eso está más frío que el Yeti. Entre otras cosas…

4. Muy bien, pues acabado pasas a la salíta donde antes le contabas tus saludintimidades a la Doctora cubito-de-hielo y concluye con bueno, pues todo bien e indirectamente entiendes que no hace falta hacer más preguntas, que ya te lo responderá Google, la vida o en el mejor de los casos tu abuela. Y te vas con cara de interrogación, como cuando en la Universidad ibas a preguntar algo al despacho y al final lo acababas entendiendo gracias a los compañeros o a Wikipedia.

¿Entonces saber mucho nos hace menos accesibles a los demás? ¿Entonces entre más sepas más cubito-de-hielo? Mmmm creo que  depende de la persona, como todo, siempre puedes encontrar aquello que rompe la norma, que te rompe los esquemas, o al menos puedes intentar buscarlo.

Ah, y el Máster en paciencia y amabilidad lo debería de hacer todo Cristo.

Love.

E.

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